Miércoles, 11 Marzo 2015 09:48

Los Habitantes de Cochasquí

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Asistidos por las teorías más aceptadas y la maqueta que hay en el Parque, que muestra la disposición de todas las pirámides, podemos intentar imaginarnos las vidas de quienes construyeron y utilizaron Cochasquí.

Regresemos en el tiempo a un día significativo del siglo XIV, tal vez a una jornada que coincide con el solsticio o el equinoccio. En el equinoccio de marzo, los caranqui celebran el Pawkar Raymi, el momento en que el sol, al mediodía, está justo sobre la línea equinoccial y en estas tierras no hay sombra. Este era el momento del renacer y del recrear. Se realizaban ceremonias en que el protagonista era el fuego, para apropiarse del Mushuk Nina, el fuego nuevo del sol.

En los dos solsticios del año, 21 de diciembre y 21 de junio, se celebraban el Kapak Raymi y el Inti Raymi, respectivamente. En estas fechas el sol está sobre los trópicos de Capricornio o de Cáncer, es decir, en su punto más distante de la línea ecuatorial. Por ello, los rituales estaban encaminados a pedirle al sol "que no se vaya". Con estas ceremonias –las Inti watana-, la gente "amarraba" al sol a las piedras de poder.

Como centro ceremonial, Cochasquí ha convocado en este día a personas de todo el territorio caranqui y sus zonas vecinas, que han llegado desde la madrugada o han acampado en los alrededores. Además de la fiesta, esta será una gran oportunidad para intercambiar productos agrícolas de los diferentes pisos climáticos y noticias de todos los rincones de la confederación.

Cientos de hombres ascienden por las rampas y llegan al chozón con techo de paja y paredes decoradas que se asienta sobre la pirámide mayor. Traen consigo diversos artículos: ollas, frutos secos, tubérculos, bloques de sal, ají y textiles. Algunos de ellos ofrendan elementos menos comunes: guacamayos o conchas marinas, como el spondylus. Del interior de algunas de las chozas salen olorosas humaredas que sugieren el pase del fuego del Mushuk Nina o la preparación de un guiso. A medida que transcurre el día, la gente y la confusión aumentan. Todos se congregan a observar a quienes presiden la ceremonia desde lo alto. Desde la perspectiva de los oficiantes se divisa el valle entero: la profunda quebrada del río Guayllabamba y las cumbres nevadas del Antisana, del Cayambe y del Cotopaxi. Tras los picos volcánicos, a oriente y occidente, se van acumulando los nubarrones provenientes, como algunos de los asistentes, de las selvas tropicales.

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