Miércoles, 11 Marzo 2015 14:25

Atractivos aledaños al Parque Arqueológico Cochasquí

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En torno a Cochasquí hay varios atractivos naturales y culturales, así como poblados interesantes que enriquecerán tu visita.

Bosque Protector Parque Recreacional Jerusalem


Las 1100 hectáreas del parque Jerusalem albergan el singular paisaje del bosque seco interandino. Es un lugar ideal para disfrutar en familia, ya que cuenta con múltiples zonas para acampar, fogones para parrillas y espacios deportivos.

Abundan los algarrobos (Prosopis sp.), árboles tupidos y espinosos en los que variadas especies de animales y plantas encuentran refugio. Con atención, se pueden vislumbrar entre sus ramas a pequeñas aves de vistosos colores: huiracchuros (Pheucticus chrysogaster), tangaras (Tangara vitriolina) y los escondidizos pues-pues (Synallaxis azarae), entre otras. Los pencos (Furcraea sp.) en flor son frecuentados por bungas y diversos colibríes, como el colibrí gigante (Patagona gigas), el más grande del mundo.

Aquí comparte el hábitat con uno de los más pequeños, el quinde prelado (Myrtis fanny), que se descubre por los metálicos sonidos, parecidos a carcajadas, que los machos hacen con sus alas.

Cascada Tocachi

Cascada-TocachiTrescientos metros al norte del Parque Arqueológico Cochasquí, en la carretera hacia las lagunas de Mojanda, se encuentra un desvío que conduce hacia la cascada Tocachi.

El tramo, de menos de cinco kilómetros, es ideal para practicar ciclismo o simplemente caminar.

Cerca de la quebrada hay un bosque secundario donde es posible observar flores llamativas como el taxo (Passiflora sp.), el allpacorral (Bomarea multiflora), los zapatitos (Calceolaria sp.) y algunas orquídeas, tanto terrestres como epifitas (que crecen sobre otras plantas.)

Estas plantas mantienen asociaciones con ciertas especies de aves. Entre las más llamativas están los plateros (Anisognathus igniventris), las cotingas (Ampelion rubocristatus), las reinitas (Myioborus melanocephalus) y numerosos colibríes, como los pequeños metaluras (Metallura tyrianthina) y los espectaculares quindes tijereta (Lesbia spp.).

 

Lagunas de Mojanda, bosque altoandino y páramo

Lagunas-de-Mojanda peqDesde Cochasquí y hacia el norte, se puede tomar la ruta que conduce al macizo montañoso de Mojanda. Entre sus varias cumbres destacan el Fuya Fuya y el Yanahurcu o Cerro Negro, ambas fáciles de ascender. Desde ellas se pueden apreciar los valles del Guayllabamba y del Chota-Mira, la extensión de lo que fue el territorio caranqui.

Entre estos picos se encuentran las tres lagunas de Mojanda: Karikocha (kari = varón; kocha = laguna), las más grande; Yanakocha (yana = negra) y la pequeña Warmikocha (warmi = mujer). Sus aguas ácidas debido a la emanación de gases volcánicos albergan poca vida, pero en las ciénegas circundantes se puede ver patos (Anas andium, Anas georgica y Oxyura ferruginea) y zambullidores (Podylimbus podiceps). Algunas de estas aves son migratorias y vienen aquí durante el invierno boreal.

Tan interesante como estos destinos es el camino para llegar a ellos. Se atraviesa la ceja de montaña, un ecosistema de transición entre el bosque andino y el páramo. En las zonas resguardadas por peñas crecen bosques de yahuales o árboles de papel (Polylepis sp.), característicos por su colorada corteza descascarada. Un espectacular habitante de esta zona es el colibrí pico de espada (Ensifera ensifera), que adaptó su pico para acceder al néctar de flores tubulares como la del guanto (Brugmansia sp.). ¡es la única ave en el mundo cuyo pico es más largo que su cuerpo!

Al seguir ascendiendo por la carretera se llega al páramo, un ecosistema que a primera vista luce uniforme, dominado por pajonales. Sin embargo, si uno fija la mirada en pequeños espacios del suelo, descubrirá jardines de diminutas flores de gran diversidad. Otra forma de descubrir el páramo es a través del olfato. La valeriana (Valeriana spp.), utilizada para calmar los nervios, se delata por su olor penetrante, mientras que el sunfo (Clinopodium nubegena) es muy apreciado por el olor a menta que emana (su infusión es buena para el mal de altura y el dolor de estómago).

El páramo permite observar animales de mayor tamaño que en zonas de vegetación arbustiva. Aunque es muy raro ver al oso de anteojos (Tremarctos omatus) o al tapir de montaña (Tapirus pinchaque), es posible encontrar sus huellas en los tallos de las achupallas (Puya spp.) que el oso voltea para beber la miel que hay en su base. Resulta más fácil encontrarse con el zorro de páramo (Pseudalopex culpaeus). Algunos colibríes también llegan hasta estas alturas; entre ellos, la endémica estrella ecuatoriana (Oreotrochilus chimborazo) que se alimenta del néctar de la flor del andinista, la chuquiragua (Chuquiraga jussieui), y que tiene un mecanismo único entre las aves para conservar su energía en un clima tan austero: durante la noche disminuye su metabolismo y temperatura hasta los 5° C.

La ruta escondida: bordeando el Guayllabamba


ruta escon iglesia perucho peqAl occidente de Cochasquí, donde el río Guayllabamba drena hacia la Costa, existen zonas de clima más cálido. De aquí los caranqui se proveían de productos complementarios que no crecían en el callejón interandino.

Este placentero recorrido incluye el poblado de Puéllaro, donde fue hallada una tola (o entierro de un cacique), acompañada de grandes cantidades de oro en forma de brazaletes, anillos y adornos, así como de oro en polvo. Más hacia el norte, Perucho exhibe como atractivo principal su iglesia totalmente construida en madera.

Chavezpamba y Atahualpa, al margen del río Cubi, cuentan con un escenario natural acogedor y una población hospitalaria y llena de tradiciones. Más adelante, San José de Minas se presenta como una parroquia pacífica de elegante arquitectura colonial.

El chaguarmishqui y otras delicias

Cochasquí y sus alrededores ofrecen manjares tradicionales a los visitantes. Uno de los más claros ejemplos de nuestra cultura vinculada a la naturaleza andina es la bebida del chaguarmishqui. Al corazón del penco (Furcraea andina), se le produce una herida profunda que sangra (yahuar) y que la misma planta tratará de curar. La savia dulce (mishqui) que brota por varios días y en gran cantidad, tiene un sabor agradable y alto valor nutritivo. El mishqui puede también hervirse para ser convertido en miel o puede fermentarse para ser transformado en licor. De las hojas del penco además se puede extraer fibra aunque su textura es muy dura, y del propio chaguarquero, cuando está seco, se obtienen pingos para la construcción.

Otra especialidad de esta región son los locros de Guayllabamba, elaborados en la parte baja del valle con papas de las zonas más altas. El acompañante perfecto para este plato son los abundantes y especialísimos aguacates que crecen en este sector. Y de postre, las renombradas chirimoyas, de allí mismo o del sector subtropical de la ruta escondida.
Los cuyes y el chancho hornado en los poblados de la Ruta Escondida son de renombre.

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